Daniel Espinosa, hablando en plata

Alguna vez que otra he oído decir que el amor por las joyas es directamente proporcional a los años que cumplimos. Tonterías. Nunca me lo he creído. Yo, que tengo que reconocer que soy adicta a Vogue y que los 19 de cada mes corro al kiosko a adquirir mi nuevo ejemplar recién salido de imprenta. ( Me he negado sistemáticamente a suscribirme aunque compro, siempre, siempre cada número, porque la sola idea de ver mi revista arrugada en el buzón por un cartero poco ‘cariñoso’ me produce dolor de cabeza). Como os decía, yo, sistemáticamente también aparto el número del Vogue Joyas a un rincón solitario, e incluso ¡puedo llegar a tirarlo!

Bueno, pues esa misma yo, lleva algunos meses quedándose pegada a un escaparate de mi ruta de compras más habitual. Antes, entraba en la calle Fuensanta, aunque sea hora de que las tiendas esté cerradas, para echar un vistazo al escaparate de Nandaiasa. Ahora siempre me veo forzada a hacer una parada anterior. No sé si será esa mezcla vivaz del naranja y el blanco. Llamativo, sin dejar de parecerme bonito. O cómo se fusionan ambos colores con la madera de diferentes calidades. Aunque todo eso lo puedo ver desde lejos y casi sin pararme. Y si, lo reconozco, (hoy va el día de confesiones por lo que veo), me paro. Y no un momento, sino a mirar con detenimiento las piezas de un joyero que me ha enamorado. ¿Me estaré haciendo mayor?

Alguna que otra asomada al espejo para buscarme arrugüitas nuevas después, creo que mi flechazo por Daniel Espinosa no se debe a los años que voy cumpliendo, sino al maravilloso trabajo de creación de éste mexicano. Formado en el Gemological Institute of América, en el que recibió la mención honorífica, se ha tallado a sí mismo con estudios de Historia del Arte en Florencia, de Tendencias de Moda en Holanda, para completarlos con un Máster Internacional de Joyería en Nueva York. Todo ello, le ha llevado a que sus diseños adornen los mejores escaparates de Europa y América.

Su boutique, así le gusta llamarlas a él, desembarcó en Sevilla antes del verano. Sus diversas colecciones van desde lo más atrevido hasta el minimalismo absoluto. Destacan los morados que se funden con negros y ámbares en los habitáculos que adornan las paredes de su joyería. Pero siempre con un elemento de unión, la plata elemento con el que juega y que trabaja con la intención de romper esquemas y crear piezas de vanguardia. Cualquier elemento, fusionado con plata es suceptible de convertirse en una joya en manos de Espinosa. Materiales tan diversos como el vidrio reciclado de pantallas de televisión de los años 40 y 50 que encontró en Filipinas, o de corchos de uso industrial.

Increíble que de ahí pueda sacar una joya maravillosa, estaréis pensando. Lo hace. Quien se anime a descubirlo de primera mano, puede hacerlo en el número 7 de la calle Fuensanta. Luego os invito a decirme si estoy haciendome mayor y a punto de cambiar zapatos por diamantes, o es que es imposible no caer deslumbrada ante las creaciones de éste joyero tan especial.


DANIEL ESPINOSA
C/Fuensanta 7
41011 Sevilla
T. 660531134

sevilla@danielespinosa.com
www.danielespinosa.com

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